martes, 15 de febrero de 2011

VIVO MIRANDO UNA ESTRELLA

Donde nacieron los tiempos se acuna el espacio pendiente. No hay fisura que se pliegue al abandono.Llegan lentamente pero llegan los momentos en que la mirada se pierde.
En la espera.
A veces es la oscuridad o el miedo quien descansa.
Otras el desconcierto que pone el compás.
Se abre el reloj donde las miradas se cruzan sin decir apenas nada porque prevén cambios sin cifrar.
Las expectativas callan mientras se deambula por el tiempo.
En la espera.
Se duerme la conciencia o se despierta el remordimiento, pero se calla el porvenir.
Y es que la existencia es un continuum donde se nos permite vivir.
La espera, el escondrijo donde se refugia la cobardía.
Proclamo mi lucha para abrazar cada instante.
Y vivir sintiendo y mirando las estrellas.
Sin esperas.


lunes, 7 de febrero de 2011

MARIA NOS HARÁ LIBRES PARA SIEMPRE

No es buena compañera la ignorancia. La información, el conocimiento y el aprender, nos hará libres para siempre. (María Delgado del Moral)
Fue, es y será mi timón. Mi referente, mi salvadora. (Azucena Esteban Serrano)

Quedó parado el tiempo a la espera de reencontrarse con su historia. Y dejó en el camino a luchadoras que pasaron inadvertidas, invisibles para la mayoría. Sin embargo el vaivén de la existencia caprichosamente te devuelve la esencia.
Y así me llegó tu paseo por la vida, María.

Una historia cargada de inmensidad.
Una experiencia vivida de retos pendientes.
Una lucha sin armas.
Un poema escrito a base de magia.
Una rebeldía con causa.
Una bandera roja sin pespuntes.

Entereza, proximidad, conciencia, energía, atrevimiento, esfuerzo, creatividad, riqueza personal, tenacidad son algunas de las palabras que consiguió pintar en una página de un viejo periódico para esculpir toda una filosofía del vivir.

María Delgado del Moral nació en 1898, en el seno de una familia dedicada a la agricultura en Los Villares, Jaén. Era la segunda hija entre 2 hermanas y 2 hermanos.

La época hurtaba a las mujeres el derecho a ser seres libres. La historia se había escrito en nombre del género masculino.

Y a María, como a tantas mujeres, se le negaba la posibilidad de crecer.
A María le arrebataron el derecho a que asistiera a la escuela.
Ella tenía que perpetuar la especie en silencio, domesticada en la ignorancia, bajo el yugo del aprendizaje que transmitían de generación en generación madres sumisas y padres herederos de una cultura machista recalcitrante.

Sin embargo María lejos de plegarse a los designios divinos emprendió su particular lucha en pro de huir de las sombras a la que sometían las normas de allende los tiempos.
Quería aprender, necesitaba salir de su ostracismo.
Y buscó un aliado en su hermano José, que sin saberlo se convirtió en un talismán clandestino de su escalada hasta el saber.

Adoraba a su hermano, cada día le decía...

”José, porque yo no puedo aprender, ni ir a la escuela?
El hermano con displicencia le contestaba haciendo honor al discurso imperante

“Tú tienes que estar con madre en casa”.

Pero ella firme en su apuesta se rebelaba, y merodeaba en su cabeza las mil y una formas de conseguir su propósito. Y contra viento y marea se propuso aprender ella sola, así pues cuando su hermano terminaba de leer el periódico ella lo guardaba celosamente.

Con la expectativa intacta, con el convencimiento de que José la acompañaría desde el silencio, María le esperaba después del trabajo a ver si observaba el momento de buen humor, y solo entonces aprovechaba para decirle.......

” José dime que letra es esta” Su hermano le increpaba “Anda, vete con madre y déjame tranquilo”

Ella con la rabia que permite la impotencia se marchaba con los ojos brillantes, pero el tesón y la confianza en lograr su sueño le hacía volver al rato a pedirle de nuevo:

“José, por qué consientes que yo sea una analfabeta?.. Anda, dime por favor que letra es esta”.

José le decía....”María por atención que solo te lo voy a decir una vez, esa letra es la "B".

Llena de euforia, regalada por los dioses, abrazaba la palabra y memorizaba con celo lo que el hermano le había dicho, cogía un trozo de carbonilla, el periódico que había guardado y marcaba todas las letras "B" hasta que la dejaba fijada en su mente abierta.

Al día siguiente, para ver si la recordaba, en otro periódico volvía a marcar la misma letra, a la vez que la decía en voz alta, hasta comprobar que la reconocía .Y la guardaba en sus entrañas.

Y vuelta a empezar.....” José,… y esta letra , como se dice? . El hermano volvía a contestarle con desdén en esa ocasión “ Es la letra "E".

Y María tejía con un hilo fino cada letra y la bordaba en su memoria. Arrebatando el tiempo y transgrediendo la ética del momento.

Pero su hermano desde la distancia observaba el entusiasmo incombustible de María que con insistencia repetía:

“Y esta que letra es?”, a lo que él sin mediar mirada le contestaba “ María, eres muy pesada, para que quieres tu saber leer?. Déjame tranquilo”.

Y José le miraba a los ojos.
José miraba a su alma sedienta del saber.
José miraba a la profundidad de su deseo.
Su hermano sentía la paradoja de su corazón en cada negativa.
Y José irrumpía en un mar de dudas.
Y dejaba al socaire la costumbre.
Y sin entender demasiado, se convirtió en su cómplice.

Lleno de contradicciones le cogía del brazo y a escondidas del padre le decía...

"María pon mucha atención, es la última vez que te lo digo... la "P" con la "E" se lee "Pe”

Un rompecabezas de símbolos, letras, silabas y palabras dibujaban su nombre en el universo.
Su nombre le devolvía de su anonimato,su identidad.
Su nombre le hacía sentir como un ave en libertad.




Un cometa de colores emergía cada día.
Y María continuó su vuelo.
Volar era su destino que le llevaba a su reencuentro.

A los 18 años conoció a un chico, Sebastián, con el que se casó. Pero muy pronto la realidad truncó el amor. Su esposo era albañil, había realizado algunos trabajos que no le pagaban, un día fue a reclamar las deudas, y para no pagarle, le esperaron a escondidas y le mataron. Enviudó muy joven, antes de que cayeran las primeras bombas de la guerra civil.

Y se arremangó de nuevo , con dos hijas y un hijo que su esposo llevó al matrimonio tuvo que retarse con la cuesta arriba. Y sintió que una vez más tenía energías para afrontar su realidad. Y no tuvo miedo. Abrió de par en par sus ojos y peleó con la vida. Tomo las riendas de la familia, buscó un trabajo y lo consiguió, limpiando el Banco HIpotecario en Madrid. No estaba bien visto, pero... ella siguió, contra la costumbre. A pesar del rechazo de una sociedad mojigata.

Al poco tiempo, llegó su primo hermano, Juan, a trabajar a Madrid, se quedó a vivir con ella, ya que no conocía nada ni a nadie.

Y de nuevo aparecieron las mariposas revoloteando por el estómago. El amor, en contra de los convencionalismos del momento se atrevió a entrar en sus vidas. Y con conciencia dieron permiso a la magia de las emociones. Se dejaron llevar.

Forjaron algo más que una pareja, abrieron el tesoro de su ideología y caminaron de la mano para batirse con la dura realidad. Desde la Calle Lista en pleno barrio de Salamanca daban a luz su comunismo convencido y ampliaron su territorio de amistades díscolas con las buenas costumbres.

Su casa se convirtió en un ateneo de ideas y sueños de cambios. La alternaban con las tardes de buen tiempo y sol en el Retiro donde se reunía, en la clandestinidad, con camaradas del partido comunista, entre los que se encontraba su amigo en común Julián Grimau, quien algunos años más tarde fue detenido y ejecutado.

Pasados los años, se fueron a vivir a Vallecas, compraron un terrenito en el Pozo del Tío Raimundo, un barrio obrero donde la situación rayaba con la pobreza. María se empoderó y desde una mentalidad emprendedora se hizo cargo de una pequeña tienda de ultramarinos y un bar.

Pero a María aún tenían que pasarle factura su conciencia política, su visión de mujer libertaria, su concepción del mundo, su osadía por ser mujer. Y a su pareja, compañero de conciencia social le detuvieron, según consta en la sentencia porque realizaba reuniones clandestinas y por la distribución de panfletos. Le condenaron a tres años de cárcel y destierro.

María contaba 65 años. Se encontraba en Francia ejerciendo de madre coraje para intentar recuperar a sus nietas. Con la pasión que dan las convicciones profundas pero sin idioma con el que defender sus derechos, había ido a ayudar a su yerno, para que le entregaran a sus hijas, tuteladas en un centro, ya que la madre de ellas no daba señales de vida desde hacía años.

María consiguió sus objetivos y a su comprometida vida agregó a 4 menores a su cargo, una de ellas con secuelas de polio.
Y los sueños se hacían ligeros y las cuitas fueron aliadas de sus días.

Pero el tiempo y las canas no dejaron lugar al titubeo.
Afrontar las dudas, enebrar certezas.

Juan cumplió el delito de pensar por su cuenta , de tener criterio, de construir sueños.
Y volvió a ser compañero de viaje de María.
María abrió las ventanas de par en par para seguir la ruta.
Los años venían cada vez más jóvenes. El tiempo era un reloj de energía imperturbable.
Y María alzó su último vuelo libre, apenas 93 años de cordura.
Tres meses después Juan se durmió en su sueño.

Hoy María tiene nombre de flor, Azucena es su estandarte.
Y como otrora los tiempos Azucena mira su alma libertaria.



jueves, 3 de febrero de 2011

EQUILIBRISMO

Desde la fuerza que dan las convicciones profundas he de reposar mis devaneos. Soy un torpe aprendiz de proezas frustradas.  Y camino sobre un proceso que a media luz me guía hacia un destino impreciso. 
Me balanceo desde la aquiescencia hasta la rebelión imposible en un hilo invisible que me libra de una caida libre al vacio.
Confieso que no soy valiente, pero ahora no experimento miedo.
No es dificil vivir, es un reto del que no quiero librarme.
Siento que debo hacer un juego de equilibrios para poder crecer.
Pero me gusta.
Me gusta la vida.